F.C.Barcelona entra con miedo en semifinales

2-0 Ante el apocado Benfica.

Ataque de angustia. Con más suspense de lo aconsejable entró el Barça en las semifinales de Liga de Campeones tras su tembloroso partido del Camp Nou. El primer gol de Ronaldinho no disipó los fantasmas, hasta que Eto'o, cuando la función se acababa, fusiló con el 2-0 a Moretto, lo mejor del modesto equipo portugués. El Barça, atenazado por la responsabilidad, nunca despegó ante un grupo a la italiana, ordenado atrás y amparado ofensivamente en lo que Miccoli pudiese rebañar. Espera el Milan en semifinales.

¿Un mal sueño? Partido de miedos y dudas en el Camp Nou, donde el fútbol del Barça aburrió e inquietó a partes iguales a la parroquia. El nerviosismo, la prisa y la obsesión por el gol no se esfumó ni cuando Ronaldinho rectificó su fallo en el madrugador penalti al culminar pasado el cuarto de hora una estupenda jugada de Eto'o, metido a extremo y a lo que haga falta. El camerunés, que se movió por todo el frente de ataque, se inventó el que debió ser, por la abismal diferencia entre ambos contendientes, el gol de la calma, el que debio marcar el inicio de una noche plácentera hacia semifinales. No lo fue. El pánico sobrevoló más por la temblina del Barça para cerrar el trabajo que por la chicha de los portugueses.

El penalti que Moretto detuvo a Ronaldinnho - por una mano estúpida de Petit- no ayudó precisamente a calmar el ánimo. Y eso que poco después, Eto'o, el más enchufado de su equipo, recuperó un balón y burló en velocidad a Anderson por la izquierda, que no dijo ni pio. Su pase de la muerte hacia el segundo palo lo llevó Ronaldinho a la red. Aleluya: Moretto encabaja un gol. El simulacro de igualdad se acabó en el marcador con el Barça más raquítico y aburrido de esta temporada. Se dedicó a amasar el balón con paciencia pero no hubo pasión ni riesgo ni esa velocidad de nivel por ningún lado. Y eso ante un ejemplo de cenicienta sin capacidad de intimidación. El Milan, por elementos y presupuesto, opondrá mucha más capacidad.

Porque el Benfica de la primera parte fue la imagen de modestia ofensiva, el área no la vio ni con prismáticos, incapaz de tejer una contra decente para Miccoli o Simao, de sus pocos elementos aprovechables. A los de Koeman les costó incluso dar un par de pases seguidos en 45 minutos. El Camp Nou estaba angustiado más porque el juego de los suyos, pese al dominio abrumador del balón, no fluía que que por lo que hacía el enemigo de enfrente. Rijkaard ordenó una defensa adelantada en la que la tímida delantera portuguesa cayó una y otra vez en el fuera de juego. El fútbol del medicoampo visitante no levantó ni un palmo cuando se trató de mirar hacia la portería contraria. Se basó en dos líneas con todos sus elementos en labores de zapa bajo el lema: a la trinchera y a resistir. Y que salga lo que 'dios' quiera. Koeman colocó tres mediocentros, y oligó a Simao a sujetar a Iniesta y a Beto con Deco. Y el Barça no encontró en la construcción ni en las llegadas la exhuberancia de Lisboa. Atasco general. Tampoco hacía falto un derroche pese a la incertidumbre constante. Un gol encajado te dejaba fuera y eso puso al Camp Nou a pensar.

Koeman se cansó de esperar el milagro de la Virgen de Fátima y movió ficha en la reanudación. Quitó al estéril ex barcelonista Geovanni y sacó al gladiador Karagounis, un mediocampista de brega que ayudó a Miccoli a revolucionar al Benfica en Lisboa después del monumental baño azulgrana de 60 minutos. El 'tintín' holandés se dio cuenta que se podía hacer más daño, o al menos intentarlo, a un Barçá que no encontraba su velocidad de crucero, como atenazado por la responsabilidad de que el mejor equipo del continente debe estar entre los cuatro mejores. Caras tiesas. Ni Ronaldinho, siempre dicharachero, se atrevió a sonreír.

Al cuarto de hora de la segunda parte se produjo el mayor susto para el Camp Nou, acaso el único de consideración junto a la amenaza final del tiro de Karagounis. Koeman vio al fin una llegada decente de la escuadra portuguesa. Miccoli, quién si no, dejó un balón en bandeja para la llegada de Simao desde atrás. Al extremo portugués le sobra velocidad y desborde pero le falta calma y precisión para decidir delante de un portero. Por eso no está en el Barça, por blandito y perdonavidas.

Y al local le entraron aún más zozobras. Cada vez que Miccoli caracoleaba por su zona tras un error de la defensa azulgrana el Camp Nou se callaba, temiendo algna fatalidad. Pero al final, Eto'o, el mejor de todos, fusiló a placer a Moretto tras un contra fulminante de Ronaldinho y Belletti. Un gol posible porque el modesto enemigo ya estaba gastando sus últimos y escasosísimos cartuchos. Sólo ahí, en el minuto 88, el alivio recorrió el coliseo azulgrana. Un síntoma de debilidad porque toda la autoridad que se derrochó en Lisboa faltó en el Camp Nou.

Fuente: Elmundo.es

Autor: Angel González

por dilam
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